⛺ La carpa

Durante buena parte de mi infancia, y casi hasta la preadolescencia, el miedo me acompañó bastante. Sobre todo uno: el miedo a la oscuridad. 🌑
Cada noche era un drama. 😰 Cuando se apagaban las luces, terminaba entrando al cuarto de mis papás. Y lo que más me aterraba no era solo la noche, sino la posibilidad de que un día no me dejaran entrar.
Ese miedo también se colaba en el día. Sentía que tenía que comportarme de cierta manera para complacer a alguno de los dos y asegurarme de que, llegada la noche, me dejaran pasar. Había una especie de manipulación en todo eso, una presión que sentía encima todo el tiempo.
Con los años, eso me generó mucha inseguridad y mucha incomodidad. Ya era un adolescente, estaba en el colegio, ya estaba grandecito… y no podía ni siquiera dormir solo. 😔 Me preguntaba: si no soy capaz de dormir solo, ¿cómo voy a poder relacionarme con otras niñas, con otras adolescentes, como lo hacían mis compañeros? No me sentía merecedor de eso, ni capaz. Porque por dentro, me sentía un miedoso.
Fueron muchos meses en los que no podía dormir en mi habitación. Pasaba las noches en vela, llorando, con mucho miedo. 😢
📖 Una revista y una idea
Un día estaba viendo una revista y vi una carpa. Y pensé: ¡la carpa! ⛺ Ahí sí puedo dormir. Ahí dentro siento que no me va a dar miedo.
Fui donde mi papá y le dije: "Papá, compra esta carpa. Va a valer la pena, porque voy a dormir dentro de ella".
Mi papá no se lo creyó mucho. Aun así, decidió comprármela, y eso se lo agradezco mucho a la vida. 🙏
🌙 La primera noche
Armé la carpa dentro de mi habitación. Hacía muchísimo calor 🥵, y dentro de la carpa hacía todavía más. Pero cuando la cerré, no se veía nada. Estaba totalmente oscuro.
Y ahí me di cuenta de algo: mi miedo no era a la oscuridad. Era a lo que se podía ver dentro de la oscuridad.
En esa carpa estaba seguro. No iban a entrar cucarachas 🪳, no iban a entrar muertos 💀, no iban a entrar fantasmas 👻. Nadie iba a poder entrar a la carpa.
✨ Las noches siguientes
Las noches fueron pasando y yo me sentía muy bien dentro de la carpa. Poco a poco empecé a dejar esos miedos atrás y a recuperar algo que creía perdido: la confianza en mí. 💪
🪵 Cuando la carpa se rompió
Con el tiempo, la carpa se dañó. La sostuve con palos hasta el último momento; traté de mantenerla en pie todo lo que pude. Pero cuando ya no dio más, sentí dentro de mí que ese ciclo se había cerrado. Que ya podía dormir solo.
Y comenzaron mis primeras noches durmiendo solo en la habitación. Fue mucho mejor que antes, porque ahora tenía herramientas: tenía la experiencia de que, en todo el tiempo que estuve en la carpa, nunca había pasado nada, y de que nada iba a pasar. En unos cuantos días o semanas, dormir en la habitación ya se sentía como dormir en la carpa. Y el miedo se había ido. 🌅
💛 Lo que quiero decir con esto
Cuando uno es niño, enfrentar los miedos no equivale a que lo suelten y lo tiren al abismo con un "vaya, duerma en la habitación, que tiene que enfrentar sus miedos". Muchas veces esos miedos son demasiado difíciles, demasiado complicados, y sin herramientas nos cuesta muchísimo. Así fue en mi caso: esa terapia de choque no funcionó.
Lo que realmente funcionó fue una alternativa, un balance entre una cosa y la otra: un lugar seguro desde donde, poco a poco, pude volver a confiar en mí. A veces, lo que un niño necesita no es que lo empujen a la oscuridad, sino una carpa. ⛺💛
✍️ Por Santiago Perea Restrepo